Qué es esto y qué no es
Pongo los límites de este informe en la primera página y no escondidos en un anexo, porque son parte de lo que estoy reportando.
Entre el 9 de marzo y el 16 de agosto de 2026, 7.787 madres completaron un test de veinte preguntas sobre carga mental y sobrecarga materna. Llegaron por redes sociales y WhatsApp y decidieron medirse. El instrumento se difundió desde Chile y circuló también en otros países de América Latina, pero el país de residencia no fue una variable registrada. Este informe describe lo que respondieron.
No es una muestra representativa de las madres de Chile, de América Latina ni de ningún país. Las participantes no fueron seleccionadas al azar: se autoseleccionaron al encontrar el test en redes o mensajería. Es razonable pensar que muchas llegaron precisamente porque sospechaban que su carga era alta.
Por lo tanto, ninguna cifra de este informe debe leerse como «el X% de las madres está sobrecargada». Estas páginas describen a las 7.787 mujeres que completaron el instrumento y permiten observar patrones dentro de ese conjunto.
El instrumento tampoco está validado psicométricamente: no cuenta con estudios de confiabilidad ni de validez de constructo, y los puntos de corte entre niveles son criterios de la autora. Además, no se registró país, edad, región ni nivel socioeconómico. La ficha técnica completa está al final.
Porque no hay muchos lugares donde 7.787 mujeres le hayan puesto un número a esto. Y que las madres lo hagan es relevante para sí mismas y para dejar de normalizarlo, la posibilidad de hacer visible en una cifra un agotamiento que es real y difícil de explicar a la vez.
Una aclaración sobre el total. El test recibió 8.510 registros, de los cuales 723 quedaron incompletos. Todos los análisis de este informe se hacen sobre los 7.787 tests completados.
Para qué existe este instrumento
La página anterior dice lo que este informe no puede afirmar. Esta dice para qué se hizo, que es una pregunta distinta y que casi nunca se responde.
No es un estudio de prevalencia ni una escala validada. Es un ejercicio descriptivo y exploratorio con una muestra autoseleccionada, construido también como herramienta de autoobservación.
Eso define con claridad qué preguntas puede responder y cuáles no. Para estimar cuántas madres de una población están sobrecargadas se necesitaría un diseño muestral apropiado y, si se pretende medir un constructo con una escala, estudios de validación psicométrica. Este test no fue diseñado para hacer ninguna de esas dos cosas.
Se hizo con otro propósito: ayudar a que las mujeres identificaran su propia sobrecarga y, al mismo tiempo, reunir un registro descriptivo de lo que reportaba una comunidad amplia de madres. Esa producción de datos dialoga con tradiciones feministas y participativas que han insistido en contar aquello que las mediciones oficiales dejan fuera.
Estimar una población y reportar un conjunto no son lo mismo
Estimar sería afirmar que el 95% de las madres de Chile está sobrecargada. Eso requiere muestreo probabilístico y en este informe no se afirma en ninguna parte.
Reportar es decir que, de 7.787 madres que decidieron medirse, el 95,0% quedó en sobrecarga real o crítica. Eso no es una estimación sobre una población. Es un hecho verificable sobre un conjunto concreto de personas.
Como no se está haciendo una estimación poblacional, no corresponde calcular un margen de error muestral para estas cifras descriptivas. La limitación principal es otra y es más importante: la autoselección. No sabemos cómo se diferencian quienes respondieron de quienes no respondieron, por lo que los porcentajes no deben extrapolarse más allá de este conjunto.
Las tres tradiciones en las que se apoya
Los contradatos. Catherine D'Ignazio y Lauren Klein desarrollan en Data Feminism (2020) la idea de counterdata, datos producidos para hacer visible aquello que las instituciones no cuentan o cuentan de manera insuficiente. Esta tradición no reemplaza los estándares de investigación poblacional; abre preguntas, documenta experiencias ausentes y disputa qué merece convertirse en dato.
El precedente latinoamericano. En Counting Feminicide (2024), D'Ignazio documenta cómo activistas de las Américas construyeron registros de femicidios ante vacíos institucionales. El paralelo que interesa aquí no es equiparar fenómenos ni métodos, sino una pregunta política por la ausencia: ¿qué realidades permanecen privadas cuando nadie las registra?
La investigación participativa. Orlando Fals Borda desarrolló en América Latina la Investigación Acción Participativa, que cuestiona la idea de las personas como meros objetos de estudio y reconoce su capacidad de producir conocimiento sobre la propia realidad. Este informe se acerca a esa tradición en su intención de devolver una lectura a quienes participaron, aunque no constituye un diseño formal de IAP.
Y un argumento genealógico
La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo existe porque economistas feministas pasaron décadas insistiendo en que el trabajo doméstico se contara, cuando las cuentas nacionales sostenían que eso no era trabajo. Esa discusión empezó fuera de la academia y la academia llegó después. Toda encuesta de uso del tiempo del mundo desciende de ese argumento.
Este informe intenta un movimiento complementario: junto con las horas que ya sabemos contar, mirar la experiencia subjetiva de estar a cargo. No reemplaza las encuestas de uso del tiempo ni pretende medir lo mismo.
Es una intervención además de una medición descriptiva. Siete mil setecientas ochenta y siete mujeres recibieron un resultado individual y pusieron un número a una experiencia que muchas describían como difícil de explicar.
Produjo un conjunto grande de respuestas en cinco meses y permite formular preguntas nuevas que merecen ser investigadas con instrumentos más robustos.
Busca captar dimensiones que las encuestas de uso del tiempo no registran directamente: la experiencia de anticipar y sostener responsabilidades, la falta de espacio propio, el agotamiento y los mandatos de género asociados al estar a cargo. No es una medida pura de trabajo cognitivo en el sentido de Daminger.
El test circuló desde Chile hacia otros países de América Latina. Como el país no se preguntó, esa circulación puede afirmarse de manera general, pero no cuantificarse ni compararse por territorio.